“Llamadas a dar fruto”: Alegría en Camerún por la Primera Profesión de dos nuevas hermanas

en Yaundé (Camerún) la primera profesión religiosa de nuestras hermanas Anachelle Edith Razanamahenina y Marcelline Raherilalaina

La hospitalidad sigue echando raíces y floreciendo en el corazón de África.

Con profunda gratitud y en un ambiente de fiesta, la Familia Hospitalaria celebró en Yaundé (Camerún) la primera profesión religiosa de nuestras hermanas Anachelle Edith Razanamahenina y Marcelline Raherilalaina. Este acontecimiento no solo es un paso decisivo en sus vidas, sino un momento de gracia que renueva la esperanza y el compromiso misionero de nuestra Congregación en el continente africano.

En un contexto marcado por la fe viva de las comunidades y el servicio cercano a los más vulnerables, las hermanas Anachelle Edith Razanamahenima y Marcelline Raherilalaina han respondido al llamado del Señor con un “sí” generoso y confiado. Esta profesión de fe nos recuerda a estas palabras de Cristo: «No son ustedes los que me han elegido a mí; soy yo quien los he elegido a ustedes y los he destinado para que vayan y den fruto, y para que su fruto permanezca» (Juan 15,16).

Estas palabras iluminan el sentido profundo de la vocación hospitalaria: mujeres libres hacen esta elección que se transforma en misión, servicio y fecundidad para su comunidad.

Desde nuestra espiritualidad hospitalaria, reconocemos también con humildad y gratitud que todo es don: «Cuando repasamos nuestra vida y los innumerables beneficios con los que hemos sido colmados, al mismo tiempo que constatamos nuestra fragilidad, no podemos sino reconocer la bondad de Dios y el hecho de que solo su clemencia y su misericordia infinitas son la base de nuestra esperanza y de nuestra alegría»

La profesión de Anachelle y Marcelline es un regalo para la Iglesia y para toda la Familia Hospitalaria. Su entrega joven nos recuerda que la vocación es siempre la respuesta a un amor primero y que la misión nace de una relación viva con el Señor, el Buen Samaritano.

Damos gracias a Dios por sus vidas y oramos para que, revestidas de entrañas de misericordia, su servicio sea fecundo. Que sus manos sean extensión de la sanación de Dios para quienes más necesitan cuidado, consuelo y dignidad en nuestra querida tierra africana.

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