Buenos días.
Llegamos al XX domingo del tiempo ordinario, que celebramos bajo la mirada de María, en la solemnidad de su Asunción al cielo.
La Iglesia contempla en María una mujer plenamente unida a Dios, cuya vida nos habla de confianza, entrega y esperanza. Su Asunción nos recuerda que la resurrección de Jesús es también promesa de vida plena para cada uno de nosotros.
El Evangelio nos presenta a una mujer que se acerca a Jesús con una petición insistente. Su fe la lleva a confiar incluso cuando parece no encontrar respuesta. También nosotros acudimos a Dios con nuestras necesidades, preocupaciones y deseos, esperando que nos escuche y nos ayude.
Pero orar no significa pedirle a Dios que todo suceda como nosotros queremos. Es, ante todo, abrirnos a su presencia y confiar en que Él permanece cerca, incluso cuando no comprendemos lo que estamos viviendo. Como nos recuerda san Agustín, no se trata de buscar algo a través de Dios, sino de buscar a Dios mismo.
María nos enseña ese camino de confianza. Su vida nos recuerda que, incluso en medio de las incertidumbres y dificultades, podemos poner nuestra esperanza en Dios y caminar hacia la vida que Él nos promete.
Que María, mujer de fe, nos ayude a confiar, a perseverar en la oración y a descubrir cada día la cercanía de Dios.