Buenos días.
El miércoles dimos inicio en la Iglesia a la Cuaresma, un período de 40 días de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual. Por eso se nos impuso la ceniza, por lo que la Iglesia nos hizo ese llamado a convertirnos y a creer en el evangelio.
En el primer domingo de Cuaresma, la Palabra pone su acento en la tentación. El Génesis nos recuerda la desobediencia de Adán y Eva, que sucumbieron a la tentación de querer ser como Dios. Cristo, con su obediencia, rompe la dinámica de las consecuencias de ese pecado, según lo afirma San Pablo y San Mateo: que Jesús vence la vieja tentación que amenazaba desde el principio a la humanidad. Que su obediencia de Hijo nos revela que es imposible reencontrar el camino de la salvación al margen de la voluntad de Dios.