Cuidar y servir a la vida, el corazón de la Hospitalidad

Por Idília María Moreira G. Carneiro, 

en el Día Mundial de la Salud Mental

 

El 10 de octubre celebramos la Jornada Mundial de la Salud Mental. Este año, el tema de la Organización Mundial de la Salud es «Experiencias vividas y escuchadas: voces reales, cambio real».

Un tema que nos conecta con el lugar central de la persona, sujeto del cuidado y protagonista de su propio proceso terapéutico. La persona primero, no la enfermedad, las capacidades, no los discapacitados; el sentido de la vida y la defensa de la dignidad, sobre todo cuando la vida puede estar más amenazada y vulnerable.

La persona en el centro, escuchar su sentir y acoger su experiencia, es la premisa fundamental del Evangelio que Jesús nos enseña. Con su estilo de acercarse, tocar y sanar a las personas, Jesús cura el cuerpo y sana interiormente, capacita para un proyecto de vida nuevo, una inserción social y familiar nueva. 

El carisma de la Hospitalidad, que nos define como Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús, nos compromete a encarnar la compasión de Jesús, continuando su misión sanadora en el mundo, en favor de las personas con sufrimiento psíquico y enfermedad y trastornos mentales. El centro y la razón de ser de nuestra misión es la atención a la persona en sufrimiento, acogida y cuidada en todas sus dimensiones, en quien reconocemos el rostro vivo de Jesús: lo que hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis (Mt 25,40)

Acoger, escuchar, cuidar, envolver, comprender o acompañar son solo algunos verbos que estructuran nuestro Modelo Hospitalario que orienta y caracteriza nuestra acción en el área de la salud mental.  En los 25 países donde realizamos nuestra misión. En África, en América Latina, en Asia y en Europa reconocemos cómo la salud mental es un área de gran importancia, y a menudo poco valorada, en las decisiones políticas y de asignación de recursos. En muchas circunstancias prevalecen criterios economicistas sobre el criterio de la vida y la dignidad humana. 

La salud mental no es  una cuestión periférica ni un asunto estrictamente técnico. Es un ámbito central y un indicador esencial de la salud de nuestra sociedad, de su humanidad, responsabilidad ética y compasión. Refleja una vulnerabilidad, tal vez mayor que en otros 

 

momentos de nuestra historia, que afecta profundamente el sentido existencial, la esperanza y el proyecto de vida del ser humano. 

El sufrimiento psíquico de tantas personas y los nuevos y complejos trastornos mentales son dimensiones de una herida muy profunda de nuestro tiempo. Es una realidad que interpela el corazón de la Iglesia, y en ella encuentra el compromiso de cuidar la vida, haciéndose cargo de los caídos y ofreciéndoles posada en una casa que acoge, cuida, acompaña y dignifica. Pues la vida humana es sagrada y plena de sentido.

La Hospitalidad nos compromete a luchar contra el estigma y a comprometernos con los procesos de integración y los justos derechos de las personas con enfermedad mental. Con demasiada frecuencia, quienes padecen un trastorno mental sufren una doble exclusión: el provocada por su enfermedad, que fragiliza a la persona, y el rechazo social, la soledad y la exclusión. 

Celebrar la Jornada de la Salud Mental es un estímulo y un compromiso para crear sociedades más sanas y sanadoras, sensibles y atentas a los más vulnerables, que coloquen en primer lugar a las personas, que respeten su dignidad, que desarrollen dinámicas integradoras para todos, que articulen la investigación y los avances científicos con una cultura de cuidado de la vida. ¡Las instituciones, el poder político, las comunidades y la sociedad en su conjunto, seamos constructores de una sociedad más humana!

Nos sentimos en profunda sintonía carismática con la intención de oración del Papa León XIV, para este mes de octubre, en su invitación a rezar “por la pastoral de la salud mental”, para que la Iglesia sea cada vez más una casa abierta, capaz de acoger y acompañar a quienes atraviesan situaciones de sufrimiento psicológico. 

Agradezco a toda la Comunidad hospitalaria que, en las diferentes realidades del mundo, encarna el carisma de la Hospitalidad, siendo rostro y presencia de la Iglesia samaritana junto a quienes sufren.

 

Hna. Idília María Moreira G. Carneiro, HSC, 

Superiora general de las Hermanas Hospitalarias SCJ.



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