Este año en la formación del Josefinato han participado dos hermanas: Mónica Andoh, de la Delegación de Inglaterra e Irma Cristina Palacios Berru de la Provincia de América Latina.
El Josefinato es un tiempo de gracia profundamente significativo en nuestra Congregación. Se trata de la etapa final de preparación intensiva para la Profesión Perpetua, donde nuestras hermanas jóvenes se dedican a profundizar en su vocación. Este proceso tiene como finalidad ayudarles a crecer en el aspecto humano, cristiano, religioso y hospitalario, modelando el corazón para identificarse plenamente como mujeres consagradas y servidoras de los enfermos.
Su nombre proviene de una carta escrita en 1910 por nuestro fundador, San Benito Menni, en la que se dirigía a las hermanas jóvenes de esta etapa, llamándolas afectuosamente «Josefinas», invitándolas a ponerse bajo la protección y el patrocinio especialísimo de San José como modelo de virtudes de la vida religiosa.
Este año, en la formación del Josefinato, han participado dos hermanas: Mónica Andoh, de la Delegación de Inglaterra, e Irma Cristina Palacios Berru, de la Provincia de América Latina. Con gratitud y alegría nos comparten su testimonio de este tiempo vivido:
“Queremos comenzar dando gracias a Dios por este tiempo de gracia que nos ha regalado en la preparación para nuestra profesión perpetua. Al mirar el camino recorrido, reconocemos que ha sido un tiempo de profunda acción de Dios en nuestras vidas, un tiempo en el que Él ha ido modelando nuestro corazón y reafirmando la llamada que un día nos hizo.
No ha sido un recorrido exento de desafíos. Este proceso formativo nos ha invitado a entrar con mayor verdad en nosotras mismas, permitiéndonos reconocer nuestras fortalezas, pero también nuestros límites y fragilidades. Sin embargo, hemos descubierto que la gracia siempre ha sido más grande que nuestras limitaciones. Dios ha permanecido fiel, sosteniendo nuestros pasos y enseñándonos que la verdadera consagración no nace de nuestras capacidades, sino de la confianza en su amor y de la disponibilidad para dejarnos transformar por Él.
Este periodo nos ha ayudado a profundizar en el sentido de nuestra vocación como Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús. Hemos comprendido con mayor claridad que vivir la Hospitalidad comienza por permitir que el Corazón de Cristo sane, ensanche y configure el nuestro, para que podamos ser presencia de acogida, compasión y esperanza para las personas que el Señor nos envía.
Agradecemos de corazón a la Congregación, a nuestras formadoras, a las hermanas de la comunidad y a todas las personas que han caminado con nosotras. Cada encuentro, cada palabra de aliento, cada corrección fraterna y cada experiencia compartida han sido instrumentos de Dios para seguir construyendo nuestra respuesta vocacional.
Llegamos a este momento conscientes de que el camino de formación no termina con la Profesión Perpetua. Al contrario, queremos seguir dejándonos formar cada día por el Señor, con un corazón humilde, disponible y agradecido, para vivir con fidelidad el don de nuestra consagración y servir con alegría según el carisma de la Hospitalidad.
A Dios, que ha guiado cada paso de este camino y que continúa llamándonos a seguirle con un corazón indiviso, le damos hoy toda la gloria y nuestra más sincera acción de gracias”.
Rumbo al «sí» definitivo: Próximas Profesiones Perpetuas
La clausura de este Josefinato no es un punto final, sino el umbral de una entrega total para toda la vida.. En las próximas semanas, la Familia Hospitalaria se vestirá de fiesta para acompañar a Mónica y a Irma Cristina en sus respectivas celebraciones de Profesión Perpetua.
Te invitamos a agendar estas fechas y unirte a nosotros en oración y alegría:
- Sor Mónica Andoh, pronunciará sus votos definitivos, en la celebración de Profesión perpetua, el próximo 8 de agosto de 2026, en Assin Foso (Ghana).
- Sor Irma Cristina Palacios Berru, celebrará su consagración definitiva el 15 de agosto de 2026, coincidiendo con la hermosa Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María.
Desde ya, encomendamos sus vidas y vocaciones al Sagrado Corazón de Jesús y a nuestra Madre María, Reina del Cielo, agradeciendo el don de su consagración, que renueva y llena de esperanza a toda nuestra gran familia religiosa.
¡Acompañémoslas con nuestra oración en este bendecido tramo de su camino!
