Vocación hospitalaria – Bernard Lokubalasuriya

Con motivo de este aniversario, conversamos con Bernad Lokubalasuriya, Registered Manager de St. Augustine’s, en Inglaterra, sobre el significado de vivir hoy el carisma hospitalario en el cuidado de las personas mayores.

A lo largo de esta entrevista, comparte cómo el legado de San Benito Menni continúa inspirando una forma de cuidar basada en la dignidad, la acogida, la presencia humana y el compromiso con quienes más necesitan ser acompañados.

Una mirada cercana y profundamente humana sobre la hospitalidad como misión viva en el día a día.

 

 

1.En el contexto de este aniversario, ¿qué significa para usted trabajar hoy desde una mirada hospitalaria?

Cuando pienso en este aniversario, lo primero que siento es gratitud. Gratitud por poder formar parte, aunque sea de manera pequeña, de algo mucho más grande que yo mismo.

San Benito Menni comenzó no con grandes planes, sino con una respuesta sencilla y valiente ante el sufrimiento que otros habían ignorado. Vio a mujeres con enfermedad mental que habían sido olvidadas y decidió quedarse. Ese acto de no apartar la mirada es lo que llevo conmigo cada día en St. Augustine ‘s.

Trabajar hoy desde una perspectiva hospitalaria significa entender que el cuidado no es una tarea que se completa, sino una relación que se honra. Significa dignidad en las pequeñas cosas: un cálido “buenos días”, escuchar de verdad y hacer que alguien sienta que este es realmente su hogar. Menni nos enseñó que las grandes obras se construyen a partir de pequeños actos cotidianos de amor hospitalario. Me aferro a eso, especialmente en los días más ordinarios.

Este aniversario es para mí un recordatorio personal de que mi misión es seguir sus huellas y mantener viva su llama en este rincón de Inglaterra, residente a residente, momento a momento, acto genuino de cuidado tras acto genuino de cuidado.

2.¿Cómo siente que el legado fundacional influye en su práctica profesional diaria?

Cada mañana, cuando llego a St. Augustine ‘s, entro en una obra que comenzó hace más de 140 años en Ciempozuelos, con un sacerdote, dos mujeres y ocho hermanas que tenían muy poco, excepto amor, fe y un compromiso inquebrantable con quienes sufrían.

Ese legado me influye mucho más que cualquier política o procedimiento. Me recuerda que detrás de cada plan de cuidados hay una persona con una historia, con miedos y con la necesidad de sentirse valorada. San Benito Menni no solo construyó hospitales; construyó lugares donde las personas podían sentirse vistas y acogidas con dignidad.

En mi práctica diaria, esto significa intentar liderar a mi equipo no solo con profesionalidad, sino también con corazón. Significa preguntarme no solo “¿está esta persona segura?”, sino también “¿se siente reconocida aquí?, ¿siente que pertenece a este lugar?”. Significa que, cuando las cosas se complican, y en el ámbito del cuidado sucede a menudo, vuelvo a su ejemplo de perseverancia silenciosa. Él afrontó enormes obstáculos y siguió adelante, no por reconocimiento, sino porque la misión era más grande que la dificultad.

Su legado no es algo que simplemente leo. Es algo que intento vivir. Y siento cada día tanto el peso como el privilegio de ello.

3.¿Qué aspectos del carisma hospitalario siguen siendo más relevantes en el cuidado actual?

Muchas cosas han cambiado en el ámbito del cuidado desde la época de San Benito Menni: las normativas, la tecnología y la forma en que entendemos la salud y el bienestar. Pero el corazón del carisma hospitalario se siente hoy más relevante que nunca.

El aspecto más importante, en mi opinión, es la centralidad absoluta de la persona. No el diagnóstico. No la evaluación de riesgos. La persona. En un mundo donde el cuidado puede sentirse a veces dominado por objetivos y cumplimiento de procedimientos, el carisma hospitalario nos devuelve al rostro humano de quien tenemos delante.

Igualmente relevante es el espíritu de acogida incondicional. Menni y las hermanas fundadoras abrieron sus puertas a quienes la sociedad había excluido: quienes eran considerados demasiado difíciles, demasiado olvidados o demasiado rotos. En nuestro trabajo actual con personas mayores, muchas de las cuales afrontan soledad, pérdida de identidad y miedo, esa acogida incondicional sigue siendo un acto radical y profundamente necesario.

Y después está la integración entre ciencia y caridad: la convicción de que la excelencia profesional y el amor compasivo no son opuestos, sino compañeros inseparables. Que debemos ofrecer a las personas tanto lo mejor de nuestro conocimiento como la calidez de nuestra humanidad. Ese equilibrio, que Menni vivió de manera tan hermosa, guía la forma en la que intentó liderar cada día.

4.¿Cómo integra las dimensiones humana y profesional en su manera de cuidar?

Es algo sobre lo que reflexiono profundamente, porque creo que ambas dimensiones nunca deben separarse.

En mi papel como Registered Manager, tengo responsabilidades profesionales importantes: protección y seguridad, cumplimiento normativo, gobernanza clínica y liderazgo de equipos. Todo ello es esencial y me lo tomo muy en serio. Pero siempre he creído que la profesionalidad sin humanidad se convierte simplemente en administración, y que la humanidad sin profesionalidad no es suficiente para proteger verdaderamente a las personas.

San Benito Menni encarnó perfectamente este equilibrio. No solo fue un hombre de profunda compasión, sino también alguien extraordinariamente organizado y visionario. Fundó 22 centros en toda Europa. Comprendió que, para servir bien a las personas, es necesario que el corazón abierto y la mano experta trabajen juntos.

En la práctica, esto significa intentar crear en nuestro hogar una cultura donde el personal se sienta al mismo tiempo responsable y profundamente humano en su trabajo; dónde seguir un procedimiento y sentarse junto a un residente angustiado sean acciones igualmente valoradas. Significa intentar conocer a nuestros residentes como personas, no como números de habitación. Significa recordar que la habilidad profesional más importante en el cuidado suele ser la capacidad de estar verdaderamente presente junto a otro ser humano.

Seguir las huellas de San Benito Menni significa mantener viva esa integridad: no permitir nunca que lo profesional eclipse lo personal, ni que la compasión se convierta en una excusa para ofrecer algo inferior a una atención excelente.

5.¿Qué aporta la mirada hospitalaria a los desafíos actuales en el cuidado de las personas mayores?

El cuidado de las personas mayores afronta hoy desafíos reales y profundos: la soledad, la pérdida de identidad y el riesgo de que las personas sean reducidas a una lista de necesidades en lugar de ser vistas como seres humanos completos, con toda una vida de experiencias y valor.

La perspectiva hospitalaria responde directamente a cada uno de esos desafíos.

Cuando Benito Menni fundó las Hermanas Hospitalarias, estaba respondiendo a personas que habían sido invisibilizadas por la sociedad. Eso sigue ocurriendo hoy. Las personas mayores pueden volverse invisibles: en hospitales, en comunidades e incluso dentro de las residencias si no somos cuidadosos. El carisma hospitalario rechaza esa invisibilidad. Insiste en que cada persona, en cualquier etapa de su vida, merece ser acogida, conocida y cuidada con plena dignidad.

Lo que aporta la mirada hospitalaria es una visión del cuidado centrada no en lo que una persona ya no puede hacer, sino en quién sigue siendo. Aporta una cultura de calidez, presencia y atención sin prisas. Aporta el valor de defender a quienes no siempre pueden alzar la voz por sí mismos.

Ante la presión sobre el personal, las limitaciones económicas y la complejidad de las necesidades actuales de cuidado, esta misión no es fácil de mantener. Pero precisamente por eso es tan importante. San Benito Menni no eligió el camino fácil. Eligió el necesario.

Y ese es el camino que estoy comprometido a seguir: mantener viva su misión aquí, en Addlestone, en Inglaterra, para cada residente que cruza nuestra puerta.




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