La Visita Canónica de nuestra Superiora General ha tenido lugar en Viterbo (Italia) del 28 de enero al 4 de febrero, marcando un tiempo significativo de encuentro, discernimiento y misión compartida. Han sido días intensos, vividos con profundidad espiritual y con la certeza de que somos un solo cuerpo, animado por un mismo Espíritu.
El inicio de la visita estuvo marcado por un primer encuentro en la capilla de la comunidad. Allí, bajo la mirada del Corazón de Jesús, se abrió un espacio de oración y reflexión compartida que acompañó todo el desarrollo de estos días. La oración común y el diálogo fraterno permitieron releer la vida y la misión desde una escucha atenta a la realidad y a los llamados del Espíritu.
En cada encuentro resonó con fuerza el lema que guía nuestro caminar congregacional: “Un renuevo brotará de sus raíces”. Mirar nuestras raíces no implica volver al pasado, sino reconocer en ellas la savia que hoy nos sostiene y nos impulsa a proyectarnos con audacia y esperanza hacia el futuro. Desde esta clave, la comunidad profundizó en los desafíos actuales y en las oportunidades que se abren para seguir respondiendo con fidelidad creativa a la misión encomendada.
Durante la visita, se vivió también un momento de especial comunión eclesial con la visita del obispo de Viterbo, Mons. Orazio Francesco Piazza, a la comunidad, así como el encuentro de un grupo de hermanas en el obispado. En este marco, el obispo hizo entrega a la Superiora General de una medalla con el emblema de su pontificado y la imagen de la Virgen de la Quercia, patrona de la ciudad, como signo de cercanía, estima y comunión con la Iglesia local.
Otro momento significativo fue el encuentro con los colaboradores, en el que se compartieron los principales desafíos que hoy atraviesa la Congregación. Este espacio permitió fortalecer el sentido de corresponsabilidad y hacer realidad, también a nivel institucional, el llamado a sentirnos y vivir como un solo cuerpo, donde cada vocación y cada servicio aportan a la misión común.
Agradecemos profundamente la acogida fraterna y la disponibilidad de la comunidad de Viterbo, que hizo posible vivir esta Visita Canónica en un clima de escucha, apertura y comunión. Los frutos de estos días nos impulsan a seguir caminando con esperanza, para ser signos proféticos de cercanía y de esperanza, especialmente junto a quienes más sufren.