Buenos días.
A todos los bautizados, miembros de la Iglesia, se nos ha confiado la misión de colaborar en el desarrollo del reino de Dios en el mundo. La Palabra de Dios del domingo XXVII del Tiempo Ordinario nos interroga sobre nuestra fidelidad a esa misión. Isaías nos cuenta la relación de Dios con su pueblo como la historia de un amor no correspondido. Es la misma historia que encontramos en el salmo 79. Pablo, testigo de la nueva alianza, anima a los filipenses a abrirse al amor del Dios de la paz viviendo como verdaderos discípulos de Cristo.
El evangelio mantiene la imagen de la viña, en este caso como el Reino entregado al pueblo de Israel. Éste no da los frutos esperados y maltrata y asesina a los enviados de Dios, terminando con su propio Hijo.
“Amad mucho a Jesús. Descansad en su Divino Corazón. No dejarse llevar de los desalientos y confiar enteramente en los Corazones de Jesús y María” (San Benito Menni)