Buenos días.
La liturgia del vigésimo sexto domingo dentro del Tiempo Ordinario, nos hace una invitación a meditar sobre nuestra opción por Dios y la responsabilidad en nuestra respuesta a su llamada. El profeta Ezequiel propone convertirse a la justicia de Dios para acogerse a su promesa de vida. El Evangelio nos dice que la invitación está hecha y no basta obedecer sólo de palabra. San Pablo propone el modelo: Cristo. Con el salmista confesamos que la ternura y el amor del Señor son eternos, y le pedimos que nos enseñe a caminar por sus sendas.
“Amad mucho a Jesús. Descansad en su Divino Corazón. No dejarse llevar de los desalientos y confiar enteramente en los Corazones de Jesús y María” (San Benito Menni)