Buenos días.
En las lecturas del domingo XXVIII del Tiempo Ordinario, el Reino es comparado una vez más con un extraordinario banquete al que están invitados todos los pueblos de la tierra. Para Isaías, este festín es una celebración de victoria y de consuelo en la que se enjugarán las lágrimas de todos los rostros. También el evangelio proclama la invitación universal y la invitación a convertirse primero. Mientras llega ese día, recuerda san Pablo a los filipenses, hay que prepararse para vivir fiel a Dios bajo cualquier circunstancia.
“Amad mucho a Jesús. Descansad en su Divino Corazón. No dejarse llevar de los desalientos y confiar enteramente en los Corazones de Jesús y María” (San Benito Menni)