“Gracias a ella estoy aquí”: El testimonio de Sor Zenyril

“Cuando era niña, en mi casa teníamos un altar con la imagen de la Virgen María”. Así comienza el testimonio de Sor Zenyril, una memoria sencilla y profunda que revela cómo la fe vivida en familia puede marcar el rumbo de toda una vida.

Desde muy pequeña, el rezo formaba parte de su cotidianidad. “Mis padres nos despertaban incluso al amanecer para rezar el rosario”, recuerda. Aquellos gestos, repetidos día tras día, fueron dejando una huella silenciosa pero firme. 

Al ingresar a la Congregación de las Hermanas Hospitalarias, Sor Zenyril descubrió que aquella presencia aprendida en la infancia seguía acompañándola. “Cuando entré en la Congregación, sentía su cuidado materno, su cercanía, su presencia en cada día”.

El testimonio de Sor Zenyril muestra el sentido de la vocación hospitalaria. Ser Hermana Hospitalaria es iniciar una aventura con Jesús que transforma la vida, dejándose interpelar por el dolor de las personas enfermas y vulnerables, y respondiendo con cercanía, escucha, comprensión y servicio. Es una vocación que no anula a la persona, sino que la hace crecer, potenciando sus dones y ayudándola a identificarse cada vez más con la manera de amar de Jesús.

Para muchas jóvenes, historias como la de Sor Zenyril se convierten en una invitación a mirar la propia vida con mayor profundidad y a preguntarse dónde y cómo Dios sigue hablando hoy. A veces, la respuesta comienza en lo simple: en una casa, un altar, una oración compartida y un camino que, con el tiempo, se vuelve entrega y hospitalidad.

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