«Hoy queremos pedir por las vocaciones».
Con esta invitación nos unimos en oración por todas aquellas personas que escuchan una llamada en su corazón y se preguntan cómo hacer de su vida un don para los demás. Rezamos por quienes buscan el sentido de su camino, por quienes sienten el deseo de servir y por quienes descubren que la verdadera felicidad nace de la entrega generosa. Cada vocación es una respuesta única al amor de Dios y una oportunidad para llevar esperanza allí donde más se necesita.
La historia de la Hospitalidad está llena de mujeres y hombres que, a lo largo del tiempo, supieron escuchar esa llamada y responder con confianza. Entre ellas se encuentran nuestras fundadoras, que hace 143 años emprendieron un viaje que cambiaría para siempre la historia de la Congregación.
Aquel viaje no fue solo un desplazamiento geográfico. Fue, sobre todo, una respuesta valiente a la voluntad de Dios. Dejaron atrás su tierra, sus seguridades y todo aquello que les era familiar para ponerse en camino hacia una misión desconocida, confiando plenamente en que el Señor las guiaba. Su sí generoso abrió un camino de hospitalidad que continúa hoy en tantos países y al servicio de miles de personas vulnerables.
La vocación siempre implica ponerse en camino. Supone escuchar, discernir y confiar. Así lo hicieron nuestras fundadoras, que comprendieron que Dios las llamaba a dedicar su vida al cuidado, la acogida y el acompañamiento de quienes más sufrían. Gracias a su respuesta fiel y generosa, la Hospitalidad sigue siendo hoy un signo concreto del amor de Dios para tantas personas.
Como Hermanas Hospitalarias, damos gracias por todas las personas que han respondido a esa llamada a lo largo de nuestra historia: hermanas, colaboradores, voluntarios y laicos comprometidos que han hecho de la Hospitalidad una forma de vivir el Evangelio y de transformar la realidad desde el cuidado y la cercanía.
Al recordar el viaje de nuestras fundadoras, renovamos también nuestra confianza en que Dios sigue llamando hoy. Sigue suscitando en muchos corazones el deseo de servir, de cuidar, de acompañar y de entregar la vida por los demás.
Por eso pedimos al Señor que continúe despertando vocaciones generosas y valientes, capaces de escuchar su voz y responder con disponibilidad.
Por quienes escuchan una llamada.
Por quienes sienten el deseo de servir.
Por quienes buscan el sentido de su vida.
Para que respondan con generosidad y confianza.
Oremos por las vocaciones.