Del 11 al 14 de febrero, la Delegación de Italia ha vivido las jornadas conclusivas de la Visita Canónica. Han sido días de gracia, donde hemos recogido los frutos del camino recorrido para proyectarnos con renovada ilusión hacia el futuro.
Tras el intenso peregrinar por las comunidades y centros, la visita de nuestra Superiora general ha culminado en la Casa de la Delegación. No ha sido un cierre, sino un punto de partida para seguir revitalizando nuestra presencia en Italia.
Revisar la vida y la misión
Las jornadas del 11 y 12 de febrero estuvieron dedicadas al corazón de nuestra vida consagrada. En los encuentros con la comunidad de la casa y el Gobierno de la Delegación, revisamos nuestra realidad a la luz de tres facetas esenciales: la vida orante, fraterna y evangelizadora. Fue un tiempo para volver a lo esencial y fortalecer los vínculos que nos unen.
Gestión y carisma
El día 13 se puso el foco en la estructura que sostiene nuestra misión. Se celebró un encuentro conjunto entre el Gobierno general, el Gobierno de la Delegación y los miembros del Ramo ETS, la figura jurídica que gestiona la obra en Italia. Más tarde, ambos gobiernos revisaron el trabajo realizado durante toda la visita, examinando los archivos de cada área. Con este ejercicio de transparencia y responsabilidad, se dio por cerrada la visita a la comunidad de la Delegación.
Clausura: Gratitud y nuevos retos
El 14 de febrero vivimos el broche final. En un encuentro fraterno con todas las hermanas superioras de la Delegación, junto al Gobierno general y de la Delegación, celebramos la clausura oficial. Fue un espacio de animación y acción de gracias por los frutos recibidos en estos días. Compartimos la experiencia vivida, no solo para hacer memoria, sino para formular con valentía los retos que, a partir de ahora, estamos llamadas a afrontar juntas.
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