La labor de las misioneras en Kinshasa, capital de la República Democrática del Congo, es un testimonio vivo
de nuestra buena causa: el servicio a las personas que sufren y la evangelización por medio de la
hospitalidad. Así lo muestra un reciente reportaje emitido por RTVE, que pone rostro al compromiso cotidiano
con las mujeres, niñas y personas con problemas de salud mental en uno de los contextos más complejos del
continente africano, recordándonos que como el Buen Samaritano, no pasamos de largo frente al sufrimiento:
miramos y vemos, nos dejamos conmover y actuamos de manera solidaria.
En el hospital Telema, dirigido por sor Ángela Gutiérrez, se encarna la opción preferencial por el mundo del
sufrimiento psíquico. Al acompañar especialmente a mujeres con problemas de salud mental, la misión
promueve su recuperación a través de una acogida liberadora, favoreciendo su reintegración social mediante
talleres y actividades que priorizan el respeto a la dignidad inviolable de cada persona.

Por su parte, la maternidad de Lisungi, fundada y dirigida por sor Ana Gutiérrez, brinda atención sanitaria a
madres y recién nacidos, contando además con una unidad especializada para mujeres y niñas víctimas de
violencia sexual. Cada semana reciben nuevos casos de extrema dureza, a los que responden ofreciendo una
asistencia integral que une humanidad y ciencia. Su trabajo combina el rigor de la asistencia médica con el
acompañamiento psicológico y humano, buscando ser generadoras de vida y de esperanza, allí donde la vida
y la salud tocan los límites de la debilidad.
En un país donde la mortalidad materno infantil sigue siendo elevada y el acceso a los servicios básicos es
escaso, la presencia de estas misioneras se erige como un signo profético de esperanza y de la cercanía de
Dios a la humanidad que sufre. La formación de parteras y la promoción del seguimiento prenatal reflejan una
profunda calidad profesional orientada al servicio de los enfermos y necesitados, salvando vidas y
fortaleciendo las comunidades locales.

La misión que desarrollan en Kinshasa nos invita a recordar el mandato de nuestro XXII Capítulo General:
«Revestíos de entrañas de misericordia». Es una labor silenciosa y constante que sitúa en el centro a las
personas más vulnerables, testimoniando cada día que la hospitalidad es el abrazo que sana, transforma
vidas y genera comunión.
«La hospitalidad es hacer visible el amor de Dios allí donde la vida está herida y necesita ser acogida».
Fuente: RTVE – Objetivo Igualdad.