Buenos días.
En el vigésimo cuarto domingo del tiempo ordinario, la liturgia nos lleva a dar un paso más en la misma dirección del domingo pasado: no solo hay que saber corregir al hermano que falla, también debemos saber perdonar, así como nosotros pedimos perdón también a Dios.
Las lecturas nos dan una gran lección sobre el perdón y nos llevan a reflexionar sobre nuestra misma situación de necesidad de perdón de Dios ante nuestras ofensas. No se puede pedir a Dios lo que no se ofrece al prójimo. El salmo nos llevará a cantar esa misericordia de un Dios que nos perdona y nos llama a hacer nosotros lo mismo.
“Amad mucho a Jesús. Descansad en su Divino Corazón. No dejarse llevar de los desalientos y confiar enteramente en los Corazones de Jesús y María” (San Benito Menni)