Buenos días.
Seguimos viviendo la Cuaresma como preparación e inicio de la Pascua y llegamos al Cuarto Domingo de Cuaresma, también llamado Domingo de Laetare (Alegraos). Cristo es la luz que nos sigue guiando a través de los acontecimientos como la sanación del ciego de la liturgia, que nos preparan para contemplar gozosos la gloria de la resurrección.
Si el domingo pasado destacaba el símbolo bautismal del agua, ahora nos encontramos con otros dos: el aceite y la luz. El primer libro de Samuel nos narra cómo el profeta Samuel ungió a David como rey de Israel. El evangelio de san Juan nos presenta a Jesús como luz del mundo que ilumina los ojos de un ciego de nacimiento. Y san Pablo nos recuerda que siempre debemos comportarnos como hijos de la luz.