Con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, Roger Ballescà, coordinador de Salud Mental Infantil y Juvenil de la Fundació Hospitalàries Martorell, explica cómo detectar señales de alerta en niños y adolescentes, cómo abordar la conversación y cuándo pedir ayuda profesional.
¿Qué señales deben alertarnos?
Debemos observar cambios en su manera habitual de ser, especialmente cuando son intensos, repentinos, persistentes o interfieren en su día a día.
Algunas señales son la tristeza, apatía, irritabilidad, ansiedad, baja autoestima o desesperanza; el aislamiento, el consumo de sustancias, las autolesiones o el descenso del rendimiento escolar. También debemos prestar atención a mensajes directos o indirectos relacionados con la muerte, tanto en conversaciones como en chats o en redes sociales.
En la adolescencia son habituales los cambios de humor o la necesidad de privacidad. Lo que debe preocuparnos es que el malestar persista en el tiempo, sea intenso o afecte distintos ámbitos de su vida.
¿Cómo debemos hablar del tema?
Es mejor buscar un espacio tranquilo y partir de lo que observamos, sin juzgar: «Hace días que te veo más triste. Me preocupa cómo estás. ¿Quieres explicármelo?».
Si sospechamos que puede haber ideación suicida, podemos preguntarle directamente. Hablar del suicidio no provoca que ocurra ni “da ideas”. Al contrario, permite que la persona exprese lo que está viviendo y reciba ayuda.
Frases como «no puedo más», «preferiría no despertarme» o «soy una carga» nunca deben minimizarse. Tampoco ayudan respuestas como «son cosas de la edad», «no tienes motivos para estar así» o «hay gente peor».
Si no quiere hablar, no debemos convertir la conversación en un interrogatorio. Podemos dejar la puerta abierta: «No hace falta que me lo cuentes ahora, pero cuando quieras hablar, estaré aquí». También podemos facilitar que hable con otra persona de confianza.
¿Cuándo hay que pedir ayuda?
Ante pensamientos de suicidio, una tentativa previa de suicidio o autolesiones, hay que pedir ayuda de inmediato. También es recomendable consultar con un profesional cuando el malestar es frecuente, persiste a lo largo del tiempo, aparece en diferentes ámbitos o condiciona la vida cotidiana.
Si existe un riesgo vital inmediato, no debemos dejar sola a la persona. Hay que garantizar su seguridad y solicitar ayuda urgente a los servicios de emergencia o acudir al centro hospitalario más cercano.
Un mensaje para las familias
Las familias no tienen que saber hacerlo todo solas. La prevención consiste en detectar que algo no va bien, atreverse a preguntar, a escuchar y a pedir ayuda. Pedir ayuda no es un fracaso; es cuidar.