ANABELA MOREIRA G. CARNEIRO, elegida Superiora General de la Congregación de Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús.

Hoy, 23 de mayo de 2012, la Asamblea de las 43 hermanas representantes de la Congregación, reunidas en Roma (Italia) para el XX Capítulo General, ha elegido a la hermana ANABELA CARNEIRO como Superiora general para el periodo 2012-2018.

Sor Anabela nació en Amorim (Portugal) el 31 de mayo de 1964. Ingresó en la Congregación de Hermanas Hospitalarias en Idanha (Belas) en 1983 e hizo su profesión perpetua en Ciempozuelos (Madrid) en 1991. Es licenciada en Ciencias Religiosas en el Instituto Pontificio Regina Mundi y Pedagogía de las Vocaciones en la Universidad Pontificia Salesiana, ambos en Roma. Su experiencia hospitalaria la ha desarrollado principalmente en el campo de la formación, en Portugal. En mayo de 2006, en el XIX Capítulo General, fue elegida Vicaria y Primera Consejera General de la Congregación.

Con emoción, Sor Anabela acepta el nombramiento con estas palabras: “Si Dios se ha fijado en mi pequeñez, aquí estoy”. Sucesora de la Venerable Mª Josefa Recio, Fundadora de la Congregación y primera Superiora, asume la función de animar y guiar la vida y misión de la Congregación confiando en el apoyo y colaboración de toda la Comunidad hospitalaria.

Otras noticias

La Buena Noticia de la semana, domingo 10 de mayo

En pocas semanas estaremos celebrando Pentecostés y en este domingo (VI de Pascua) aparece en las tres lecturas el protagonismo del Espíritu, que es quien da vida a la comunidad.

Ganadores del V Concurso Internacional de Fotografía 2026

Celebramos el V Concurso Internacional de Fotografía 2026 de las Hermanas Hospitalarias bajo el lema “Construimos y contagiamos hospitalidad”. Participantes de distintas provincias y delegaciones compartieron imágenes que reflejan el carisma hospitalario, los gestos de cuidado y la misión compartida inspirada por San Benito Menni. Conocé las fotografías ganadoras de esta edición internacional.

Un año de pontificado de Papa León XIV: una Iglesia que abraza la fragilidad